La catástrofe de Bangladesh evidencia que las víctimas de la moda podemos ser cómplices de víctimas humanas. Es el resultado de maximizar el beneficio a costa de subcontratar empresas locales que no respetan los derechos humanos.

El proceso de externalización y deslocalización de las compañías téxtiles, buscando la maximización de los beneficios para tener precios competitivos, acaban subcontratando a empresas locales que respetan poco los mínimos derechos y condiciones laborales acogiéndose en muchas ocasiones al cumplimiento de unas leyes locales y una idiosincrasia del entorno que permite  este tipo de prácticas.