Pili Malagarriga en La Vanguardia esta semana en el artículo de Eva Millet “¿Viajeros, turistas o zombis? Por qué viajar pierde prestigio y dónde nos lleva la turismofobia”

En su artículo la periodista discute cómo el turismo está perdiendo atractivo e introduce el concepto de «turismo zombie» al describir cómo hordas de turistas que invaden lugares previamente desconocidos, guiados por la búsqueda de likes en las redes sociales con sus fotos. Ejemplifica esta tendencia con los búnkeres del Carmel en Barcelona, donde los turistas saltan vallas para tomarse fotos.

Millet menciona un ensayo de The New Yorker por Agnes Callard, quien argumenta que viajar revela lo peor de las personas, citando a pensadores como Chesterton, Emerson, Pessoa y Kant, quienes veían el viaje de manera negativa. Finalmente, critica tanto al turismo masivo como al de lujo por su falta de sostenibilidad y respeto hacia los destinos, resaltando que no es un tema de nivel adquisitivo sino de la actitud hacia el impacto ambiental y social.

Puedes leer el artículo completo en este link

Transcribo aquí las respuestas completas a las 3 preguntas que me formuló Eva con el fin de preparar su reportaje:

1.           ¿El turismo es un derecho o un privilegio?

El turismo, según la Organización Mundial del Turismo (OMT), se interpreta como un derecho derivado del derecho a viajar libremente, a disponer de tiempo de ocio y a ser accesible para todas las personas. Sin embargo, en la jerarquía de derechos, aspectos fundamentales como el acceso al agua potable, a la vivienda y a la alimentación son indiscutiblemente prioritarios sobre el “derecho” al turismo. Por tanto, estamos ante naturalezas de derechos bien distintas.

Desde mi experiencia de 10 años en cooperación al desarrollo y como consultora en turismo sostenible, considero que el turismo es un privilegio. Con 108 millones de personas obligadas a abandonar sus hogares, según el ACNUR, y más de 800 millones padeciendo hambre, es evidente que el turismo no puede ser universalizable como derecho ni prioritario sobre otros derechos humanos básicos.

Además, la crisis climática y los límites ecológicos del planeta nos obligan a reconsiderar nuestras prácticas turísticas para garantizar una distribución equitativa de los derechos esenciales y, sobre todo, evitar ser cómplices de un turismo que puede vulnerarlos. Hemos visto numerosos casos en los que destinos turísticos han sufrido desplazamientos forzosos de comunidades, limitación de acceso a recursos hídricos vitales y destrucción de ecosistemas. En muchas regiones, el gran desarrollo turístico no ha mejorado la calidad de vida de sus comunidades, sino que incluso, en ocasiones, la ha deteriorado.

2.           ¿Crees que está adquiriendo mala fama, que ‘viajar’ puede dejar de ser cool?

En España y en gran parte del mundo desarrollado, la tendencia a considerar el turismo como una práctica menos deseable está ganando terreno de manera lenta pero constante. Un ejemplo claro es el movimiento «vergüenza de volar» (flygskam en sueco), que surgió en Suecia y se ha extendido a otros países. Iniciado por Maja Rosén en 2008, este movimiento se basa en el sentimiento de culpa por los efectos ambientales dañinos del transporte aéreo y su contribución al cambio climático. Once años después, Suecia y Alemania experimentaron una disminución significativa en los vuelos interiores, un 11% y un 12% respectivamente, atribuida en gran parte a esta conciencia ambiental.

Recientemente, hemos visto manifestaciones en lugares como Canarias, Baleares y Barcelona, donde los residentes protestan contra el exceso de turistas y sus externalidades negativas: incremento en los precios de alquileres, desplazamiento de residentes (gentrificación), saturación del espacio público, ruido constante… Estas protestas reflejan un creciente descontento con un turismo “sin límites” que, aunque aporta riqueza (14% del PIB de Barcelona) y empleo (150.000 puestos de trabajo directos), impacta negativamente en la calidad de vida de los residentes: ¿las causas? A parte de las citadas anteriormente, destacaría la precariedad laboral originada por el elevado coste de la vida en los destinos turísticos y el escaso poder adquisitivo que permiten los salarios. Medidas como la regulación e inspección de alojamientos turísticos, especialmente viviendas de uso turístico, y la promoción de un turismo más sostenible son pasos en esta dirección. Este fenómeno afecta también a grandes ciudades turísticas de todo el mundo, como Nueva York, Venecia, Bali y Ámsterdam, que están implementando políticas similares para equilibrar el turismo y la sostenibilidad.

Ante esta situación, la pregunta que quizás deberíamos hacernos es: si padecemos las consecuencias de un turismo negativo para nuestras localidades, ¿estamos dispuestos a viajar menos y de forma más responsable para no contribuir a generar esos impactos negativos que provocan el descontento en nuestras propias comunidades?

3) Como experta en turismo sostenible, ¿cómo se puede viajar sin impactar de forma negativa en el lugar que visitamos?

Tras años de docencia universitaria sobre este ámbito, he desarrollado la conferencia «Cuando viajo transformo en positivo» el propósito es concienciar sobre los aspectos negativos del turismo y que, a menudo están ocultos a nuestros ojos. A partir de 10 consejos ambiciono despertar la conciencia para que cuando viajemos seamos motor de desarrollo humano sostenible para los destinos y sus comunidades. Aquí los enumero de forma resumida:

1.           Sé consciente de los riesgos e investiga antes el destino: Busca destinos que prioricen la sostenibilidad y preserven su patrimonio natural y cultural.

1)           Viaja menos, mejor y quédate más tiempo: Alarga tus estancias y consume de forma responsable, siendo consciente del impacto de los modelos “resort todo incluido”, con escaso beneficio para la comunidad local o «low cost», que puede llevar implícito salarios y condiciones laborales precarias. Opta por opciones que impliquen responsabilidad y sostenibilidad.

2)           Practica el turismo km0: Descubre y disfruta de los lugares preciosos cercanos a tu hogar, promoviendo el turismo de proximidad.

3)           Viaja con medios de transporte sostenibles: Opta por formas más ecológicas de llegar a tu destino, selecciona vuelos directos y aviones energéticamente eficientes y considera el transporte terrestre cuando sea posible, especialmente tren o transporte colectivo.

4)           Elige alojamientos, agencias de viajes y tours responsables: Apoya negocios locales que aseguren condiciones laborales dignas y prácticas sostenibles.

5)           No a la explotación sexual de la infancia y la adolescencia en el turismo: Infórmate y actúa contra la explotación sexual infantil en destinos turísticos, apoyando campañas como «Don’t Look Away» de ECPAT International.

6)           Apoya a las economías locales: Asegúrate de que tu viaje beneficie directamente a la economía local, consumiendo en negocios y servicios de propiedad local.

7)           Contribuye al comercio local y cuidado con lo que compras: Prioriza la compra en pequeños comercios y evita productos hechos de especies en peligro de extinción o protegidas.

8)           Respeta la fauna y flora: No participes en actividades turísticas que maltraten animales y apoya iniciativas de turismo responsable con los animales.

9)           Aprovecha hasta el último bocado: Evita el desperdicio alimentario, sirviéndote solo lo que vas a comer y apoyando prácticas de sostenibilidad en los hoteles y/o experiencias turísticas que vivas.

Al seguir estas prácticas, no solo minimizarás tu impacto negativo, sino que también contribuirás a transformar positivamente los destinos que visitas. Haz la prueba, verás cómo viajando así te conectarás más y mejor con la comunidad local, disfrutarás de una experiencia turística consciente y te sentirás mejor y más satisfecho.